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octubre 07, 2014

Cinco perspectivas estratégicas

La sola palabra estrategia suele evocar la imagen de un punto extremo, una especie de “ápex” de la actividad empresarial.  Ahora bien,  qué entendemos por “estrategia”?

La mayor parte de los libros de texto y manuales universitarios sobre el tema suelen arrancar con tal definición. Algunos citan variadas definiciones, otros optan por una de ellas, evidenciando de esta manera,  la teoría subyacente a la cual adscriben. Definiciones que, sin duda, fueron memorizadas a conciencia por generación tras generación de estudiantes y profesionales que luego las reprodujeron con mayor o menor prolijidad y precisión en millares de exámenes primero, y de reportes corporativos después.  Pero siguiendo en esto a Mintzberg, estimamos que en todo caso una definición “abarcativa” de estrategia debería considerar al menos cinco puntos o planos. 

1.   La estrategia como plan, como sentido de dirección, guía o curso de acción hacia el futuro, camino para conducirnos de un estado presente a un estado deseado. (la estrategia intentada)



2.  La estrategia como patrón de comportamientos adoptados en el pasado, como conducta consistente.  (la estrategia realizada)

 
Con ello tenemos someramente presentados dos planteos: la estrategia como plan (hacia el futuro) y como patrón (derivado del pasado). Agregaremos ahora otros dos puntos de vista, que –en tren de metáfora- podemos categorizar como miradas hacia abajo y hacia arriba. Son ellas: 

3.  La estrategia como posición, apuntando a la ubicación de productos o servicios particulares en determinados lugares/segmentos del mercado.




 4. La estrategia como perspectiva, apuntando en contraste desde la mente de los estrategas hacia las grandes configuraciones de la visión empresarial.

 





5. La quinta, y última opción de nuestro listado tentativo, apunta a la caracterización de estrategia como maniobra orientada a superar a un oponente o competidor. 

En este sentido, por ejemplo, una corporación puede comprar un inmueble a fin de dar la impresión de que planea expandir su capacidad productiva para así desalentar a un competidor de construir una nueva planta industrial.  En este caso, la auténtica estrategia (como intención) es la amenaza, no la expansión en sí misma (que lo es sólo en apariencia, pero no en la realidad)



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